Toda buena dádiva.

En Santiago 1:17 de la NTV dice: Todo lo que es bueno y perfecto desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.

Es una poderosa afirmación lo que revela este versículo: Dios nunca cambia. En Él no hay “sombra de variación”. No dice únicamente que Dios es inmaterial y que por lo tanto es incapaz de tener una sombra, sino que asimismo nos dice que Dios no tiene un “lado sombrío” en un sentido figurativo o moral. Las sombras sugieren oscuridad, y en términos espirituales la oscuridad sugiere maldad. Como no hay maldad en Dios, tampoco hay ningún indicio de oscuridad en Él. Él es el Padre de las luces.

Cuando Santiago añade que no hay “sombra de variación” en Dios no sugiere solo en forma de ser incambiable e inmutable de Dios. Se trata también de una referencia al carácter de Dios. Dios no es solo completamente bueno, sino que es siempre bueno. Dios no sabe cómo ser otra cosa que no sea quién es.

La bondad de Dios se refiere tanto a su carácter como a su conducta. Sus actos proceden de su propio ser. Dios actúa en base a lo que Él es. De la misma manera que un árbol corrupto no puede producir fruta incorrupta, tampoco un Dios incorrupto puede producir fruta corrupta.

La ley de Dios refleja su bondad. El que Dios sea bueno no es consecuencia de que Dios obedezca y pueda ser juzgado por alguna ley cósmica ajena a sí mismo, o debido a que Dios define la bondad de manera tal que pueda actuar sin estar sujeto a ninguna ley y por el solo poder de su autoridad le sea permitido declarar sus acciones como buenas. Dios no obedece una ley, sino que la ley que obedece es la ley de su propio carácter. Dios siempre actúa de acuerdo con su propio carácter, que es eterno, inmutable, bueno. Santiago nos enseña que todo lo bueno y lo perfecto provienen de Dios. Dios no es solo el estándar principal de bondad; es la fuente de toda bondad.

Uno de los versículos más populares del nuevo Testamento es el de Romanos 8.28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados“. Este versículo sobre la providencia del Señor es tan difícil de comprender como lo es de popular. Si Dios es capaz de hacer que todo lo que nos suceda redunde en nuestro bien, entonces en última instancia todo lo que nos suceda será buenoEn el plano mundano nos pueden suceder cosas que sean “malos”. Encontramos aflicción, miseria, injusticia, y muchas maldades. Sin embargo, Dios en su bondad trasciende todas estas cosas y hace que ellas ayuden para nuestro bien. Para el cristiano, no existen las tragedias. En última instancia, la providencia de Dios hará que todas estas maldades cercanas sean para nuestro beneficio final.


Santiago habla a sus hermanos judíos que están sufriendo en la dispersión, y les dice que la tentación no viene de Dios, sino de sus propios deseos desordenados. De Dios recibimos todo lo que es bueno, adecuado y útil.

Santiago habla desde su corazón de pastor y les dice que entiende a quienes viven lejos de su hogar, enfrentando una situación difícil; pero los exhorta a no dejarse engañar: «No eleven sus quejas a Dios», pues de él solo viene lo bueno.

Cuando enfrentamos situaciones difíciles, las mismas pueden deberse a que Dios las envía o permite para que nos acerquemos a él o para que confiemos plenamente en él; eso no tiene nada que ver con el mal, pues de Dios solo viene lo bueno. 

Como humanos tenemos la naturaleza del origen del pecado pero Dios es diferente y es perfecto. Aunque el pecado dé a luz la muerte, Dios es la fuente de la vida. Él es el “Padre de las luces” una referencia a la Creación Gén. 1:14-18. Dios nos da a luz a una nueva vida, que es el regalo, la dádiva más grande que recibimos.

Como Pablo, quien habla de la salvación como el resultado de la gracia de Dios, Santiago también llama a la salvación una “dádiva”. Pero más, en el versículo siguiente, Santiago deja bien claro que la salvación, este nuevo nacimiento, es el resultado del propósito y la voluntad de Dios para nosotros: “Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad” Sant. 1:18. Es decir, Dios quiere que seamos salvos. Era su voluntad, aun desde antes de que existiéramos, que tuviéramos la salvación y una vida nueva en él ahora, y por toda la eternidad.

A %d blogueros les gusta esto: