Su Identidad: Jesús.

En Juan 8:56-58 las personas le dicen a Jesús “¿Tú quién eres?”, “Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró. Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, Yo soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

La violenta respuesta de los judíos al “YO SOY” de Jesús, indica que ellos entendieron pero no comprendieron lo que Él estaba declarando – que se estaba igualando a Dios al adjudicarse el título de “YO SOY” con el cual Dios se identificó a Sí mismo en Éxodo 3:14.

Si Jesús solo hubiera querido decir que Él existía antes que de los tiempos de Abraham, Él hubiera dicho: “Antes que Abraham fuera, Yo era.” Las palabras griegas traducidas como (fuera) “era” en el caso de Abraham, y el “soy” en el caso de Jesús, son totalmente diferentes. Las palabras elegidas por el Espíritu dejan en claro que Abraham fue “traído a existir” pero que Jesús ha existido por la eternidad como expresa Juan 1.1. No hay duda de que los judíos entendieron lo que Él estaba diciendo, porque tomaron piedras para matarlo por hacerse igual a Dios.

Esa declaración, si no era verdad, era una blasfemia, y el castigo prescrito por la Ley Mosaica era la muerte. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. Pero Jesús no blasfemó; Él era y es Dios, la segunda Persona de la Divinidad, en todo sentido igual al Padre.

Jesús usó la misma frase “YO SOY” en siete declaraciones acerca de Él mismo. En todas las siete, Él combina el YO SOY con metáforas en las cuales expresa Su relación de salvación hacia el mundo.

Cada una de estas expresiones “Yo soy” en el evangelio de Juan muestra una diferente faceta de la personalidad de Jesús.

YO SOY el Pan de vida. Juan 6.35

Para empezar, el Apóstol Juan narra la forma en la que su Maestro consideraba vital la palabra de Dios como alimento espiritual. Al inicio de la historia en el capítulo 6 se ve a una multitud desesperada buscando a Jesús, sin embargo por las razones incorrectas.

De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis (Juan 6:26)

Es ahí donde El Señor comienza a hacer enfásis de lo errado en la forma de pensar de cierto grupo de sus seguidores, estaban tan enfocados en el “ahora” que no se habían permitido ver que aquello que Jesús les ofrecía iba mucho más allá que una simple satisfacción temporal.

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará (Juan 6.27).

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo (Juan 6:32-33).

El maná era una “cosa pequeña”como semillas de cilantro, que tenía sabor como de aceite nuevo o de miel (Ex 16:31)

Así como lo vemos tan simple, el maná representa a la Palabra Viva o a Jesús mismo, tal como dijo: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Juan 6.35”

Muchos de los que estaban escuchando esta palabra se sintieron descolocados, no entendían lo que estaba diciendo, necesitaban mucho más que oír un discurso para poder digerir este pan espiritual, era necesaria la fe para que pudiesen llegar a acceder a esta saciedad eterna. (Rom. 1.17)

Jesús como el Pan de Vida representa claramente este maná que desciende para impedir que el pueblo sufra en medio del desierto, es el alimento básico del que se nutrieron sus antepasados, pero de igual forma es lo que sustenta la vida de los cristianos en nuestra actualidad.Es en Su Palabra donde podemos encontrar ese alimento diario para nuestras almas. Pero también a su vez, es esta misma Palabra la que también hace posible nuestro crecimiento espiritual.

Cuando vemos en la Biblia que “Toda escritura está dada bajo inspiración divina”, entendemos que nada de lo que fue escrito puede desperdiciarse, que La Palabra de Dios es necesaria para la edificación en unidad y que solo de esta manera podemos llegar a recibir a través de ella la vida y la salvación.

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO.

Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12

Como vimos con el Pan de vida, Cristo no nos dijo que Él trajo luz al mundo, aunque lo hizo, sino, dijo que Él es la Luz del mundo. Y como creador, ¿qué fue la primera cosa que creó después de crear el mundo? En Génesis 1.3 dice que Creó la luz. ¿por qué? Porque el mundo que no reconoce a Cristo está sin orden, vacío, cubierto y cegado por las tinieblas. 2Corintios 4:4

Justo antes de revelarse como la Luz, una mujer pecando en la oscuridad, pensaba que estaba escondida en su pecado de adulterio, pero fue encontrada en el acto. Los escribas y fariseos la sorprendieron y con intención de provocar a Jesús de caer en una trampa, ellos la arrastraron a la luz del día sin darse cuenta de que la trajeron a la Luz que es Cristo y todos sabemos el desenlace. Jesús les devolvió esas palabras a ellos y con una pregunta trae a la luz el pecado que había en sus corazones. Con una sola pregunta Jesús demuestra que Él es el Señor, Omnisciente, que reina sobre todo, incluyendo las tinieblas, y que Él tiene el poder para revelarnos nuestro pecado, perdonarnos y exigirnos que caminemos en la luz.

El versículo dice que Él es la luz del mundo. Él es omnipresente y además vivió y caminó 33 años en esta tierra para que pudiéramos verlo, entonces nos podemos preguntar, ¿por qué todavía el mundo es dominado por las tinieblas? Encontramos la respuesta en Juan3:19-20 dice así “Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas.”

Entonces, todos somos criaturas de Dios, sin embargo, no todos somos hijos de Dios sino aquellos que toman la decisión de seguirlo.  Ahora mira la belleza para aquellos que sí lo siguen, ellos “no andarán en tinieblas”. Como pecadores, nuestra naturaleza es pecaminosa, pero, cuando vemos Cristo como El Gran Yo Soy, Él envía al Espíritu Santo a morar en nuestros corazones dándonos la habilidad para no pecar sin medida.

Y además también nos dice “que tendrá la luz de la vida.”  No es solamente que estamos siguiéndolo, sino que nos unimos a Él!.

Todo esto es posible solamente “Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” 2Corintios 4:6. Por esto sabemos que estamos unidos no solamente a la luz, sino a la luz de la vida porque “en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” Juan1.4

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