No olvides de celebrar.

Tendemos a pensar que debemos celebrar al llegar a la meta, al éxito; pero que hay del camino? Lo importante también es lo que vas adquiriendo, los pequeños objetivos logrados.

En Nehemías capítulo 6 leemos que los israelitas y Nehemías estaban terminando una gran tarea: la reconstrucción de los muros de Jerusalen. Era la hora de celebrar lo que Dios había hecho en su nombre, pues los israelítas sabían que debían detenerse y celebrar lo lejos que Dios les había traído, para retomar fuerzas y dar los siguientes pasos de reconstruir la ciudad.

Nehemías 8.10 dice:

«Ya pueden irse. Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza».

No puedes mantener el sacrificio sín celebración.

Por eso intento siempre estar alegre y celebrando los objetivos en cada etapa de mi vida, porque creo que demasiada celebración puede llevar a la complacencia. Pero he descubierto que si siempre somos muy exigentes, estamos estirando no celebrando, eventualmente nos vamos a romper. Es una tensión.

No tienes que esperar una ocasión especial para celebrar lo lejos que Dios te ha traído. Y como los israelitas celebrar tu progreso en el camino te dará una sensación de logro, el gozo; para seguir llevando adelante tu meta, tu misión.

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