La alabanza y la Adoración.

En la semana que pasó una mayoría optó por la música entre las opciones en nuestra historia del instagram, como tema para hablar, por eso traté de hacer un resumen sobre lo que fui descubriendo entre los versículos y una pequeña experiencia en la música; y aunque hay tanto, tanto por decir sobre todo eso, me centré más en el ámbito de lo que es la iglesia: en la adoración y la alabanza.

Primero es necesario saber que existen diferencías entre ambas palabras, pero si se relacionan entre sí y tienen un mismo fin.

La palabra anglosajona de adoración es worthscripe de la cual deriva el término inglés worship, que significa digno de respeto. La palabra adoración proviene del latín ad (a) y ora(boca) y significa rendir homenaje.

Es un término que tiene que ver con todos los aspectos de nuestra vida y nuestra relación con Dios.

Es una respuesta personal y colectiva por lo que El es y por lo que El hizo y sigue haciendo.

Cuando aplicamos la adoración en el contexto de una reunión, o cultos podemos hablar de actos de adoración, que significa nuestras expresiones, lo que hacemos, la actitud de amor cuando leemos su palabra, escuchamos la prédica, etc. La palabra adoración (proskuneo) es “postrarse delante” o “arrodillarse delante”. La adoración es una actitud del espíritu.

Adorar significa postrarse ante Él y en ese momento le estamos diciendo que sin su presencia no somos nada. La adoración viene de lo más profundo de nuestro corazón, y tiene que ver la manera de nuestro caminar con Dios.

Juan 4:23-24 RVR1960

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

La adoración es un estilo de vida. El versículo nos habla que no solo le adoremos con palabras sino con toda nuestra vida, con toda el alma y con todo el espíritu.

¿Qué es la alabanza?

Cuando mencionamos esta palabra, viene a nuestra mente la idea de la música. Y es verdad en parte, porque la alabanza Incluye la música, pero abarca mucho más.

Alabar es “elogiar, celebrar con palabras”. Alabamos a las personas que más amamos. Alabar a alguien es reconocer sus virtudes, quedarnos impresionados por esas virtudes y alabarle por eso.

Cuando conocemos a Dios, quién Es, todo sus maravillosas cualidades y el amor tan perfecto hacia nosotros vamos a desear alabarle, de todas las formas también por medio de la música.

¿Pero cómo debemos alabar? La Biblia dice cómo tiene que ser nuestra alabanza.
Salmos 9:1 «Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón…» eso nos dice que si alabamos a Dios, debemos hacerlo sinceramente, no solo de labios, sino que nazca de todo nuestro ser».

Además de hacerlo de corazón, Salmos 47:7 habla que debemos cantar con inteligencia, es decir, pensando lo que estamos cantando, con entendimiento. Si cantamos «sonreid por sus obras» hay que sonreír. Eso no es Irreverencia. Lo que sí es irreverencia es cantar algo en ‘piloto automático’, por inercia o mecánicamente.

Sofonías 3:14-18 son versículos muy interesantes, porque confirman una y otra vez que la alabanza debe ser con alegría, y explica que debe ser así porque Dios ha retirado sus juicios que tenía sobre nosotros. Incluso dice que Dios se alegra y canta. Esto es todo lo contrario de lo que enseñan algunas personas que dicen que Dios es un Dios extremadamente serio. Se ha confundido el término reverencia, (respeto) con miedo. Hemos encerrado a Dios en una esfera de misterio y lo hemos alejado de esta tierra, como encacillando lo sobrenatural en ideas nuestras.

Un versículo clave esta en Efesios 5: 19 «hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones».

Según la Biblia, el canto espiritual sirve para expresar todo tipo de emociones en todo tipo de situaciones.

Hay himnos y canciones de alabanza, pero también los hay de gratitud, de confianza en el Señor, de consagración, de petición, etc.

Ahora, ¿tiene eso alguna base bíblica? Pues sí, tiene: el libro de Salmos. Hay salmos de alabanza al Señor, salmos de acción de gracias, salmos de confianza en el Señor, salmos mesiánicos, salmos pidiendo ayuda al Señor, salmos que son lamentos, etc. Una de las cosas que más nos gustan de los Salmos es precisamente el hecho de que en ellos se habla de todo tipo de situaciones, buenas, malas, y se expresan todo tipo de emociones, desde la angustia hasta la felicidad.

No debemos de perder la riqueza de contenido de las canciones que cantaba el pueblo de Dios antes de Jesús.

Es importante que la alabanza contenga buena letra, es decir, que exalte verdaderamente a Dios, sus atributos, su carácter y sus obras. Porque en este tiempo se ha producido demasiadas músicas «cristianas» que sobresalta más nuestros deseos, sentimientos, y con pocas verdades biblícas. Cuando nos centramos en nosotros, entonces la alabanza ya no sería para Dios y demuestra nuestro egocentrismo.

Existen también algunos criterios sobre las alabanzas. Cuando es un ritmo lento significa que es es más espiritual que cuando es un ritmo más rápido.

Y en cierto punto sí, porque nuestra mente procesa mejor la información en la calma, entonces percibimos la sensibilidad del espiritu santo pero cuando estamos en un ritmo rápido, ruidoso se acelera nuestros sentidos y en ese momento se manifiesta la euforia, si es bueno demostrar también felicidad pero con expresiones correctas, sin escándalos, sobreactuando.

No hay instrucción bíblica específica sobre los ritmos, pero es necesario tener en cuenta que la alabanza debe ejercitar mucho más el espíritu, que nuestras emociones por eso Pablo habló de himnos de alanbanza y cánticos espirituales en su carta de doctrina a la iglesia. La alabanza es un resultado de la adoración que tenemos personalmente.

En Isaías 43:7 dice Dios: «…para gloria mía los he creado, los formé y los hice». Alabar, honrar y glorificar a Dios es el propósito principal de nuestra vida.

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