Jesús como el sumo Sacerdote

Los cristianos, creyentes participamos normalmente de la santa cena por mandamiento de Jesús como un recuerdo de su sacrificio por nosotros. Pero porqué no lo hacemos con un sacerdote como fue en el antiguo testamento, donde todas lo que era sagrado dirigía un sumo sacerdote? Esa fue la pregunta que me hicieron hace algunos días.

El SEÑOR ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Salmo 110.4

Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo. Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre. Jesús, sumo sacerdote del santuario celestialAhora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que éste también tenga algo que ofrecer. Así que si El estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice El: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.

Esas últimas palabras en Hebreos 8:5 (“Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte”), son una cita de Éxodo 25:40. Dios está hablando a Moisés, y la idea que el escritor transmite es que los muebles y acciones del tabernáculo del Antiguo Testamento, eran copias y sombras ( “los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales”), símbolos y señalizadores hacia la realidad celestial. Cuando Dios dio a Moisés un modelo para el sistema sacerdotal de sacrificios, no lo inventó en ese momento para el pueblo judío, lo modeló según la gloriosa realidad del cielo. Cuando meditamos en el sacerdocio de Israel, echamos una mirada a Dios y a Sus caminos.

Y el mensaje del libro de Hebreos es que Jesucristo, el Hijo de Dios, no vino solo a encajar en el sistema terrenal del ministerio sacerdotal como el mejor y supremo sacerdote humano, sino que vino a cumplir y dar fin a ese sistema, y a orientar toda nuestra atención hacia Sí mismo, ministrando para nosotros en el cielo. El Tabernáculo del Antiguo Testamento, y los sacerdotes, y los sacrificios, eran sombras. Ahora ha llegado la realidad y han pasado las sombras.

En la historia del pueblo judío existía un profeta, que hablaba al pueblo de parte de Dios; un Sacerdote, que intercedía a Dios por el pueblo; y un rey, que gobernaba e impartía justicia. Cristo hecho hombre cumplió perfectamente estos tres. 

La Epístola a los Hebreos  busca dejar por sentado la supremacía y superioridad de Cristo sobre los ángeles, sobre Moisés, sobre el sacerdocio levítico, incluyendo a Aarón y el sacrificio levítico. Jesús como gran Sumo  Sacerdote, por medio de su propio sacrificio  y su sangre derramada, traspasó los cielos, y nos abrió el camino para entrar al  Lugar Santísimo y ser socorridas por Él (Hebreos 1-10: 22). 


Quizás una de las funciones más importantes para aquilatar la importancia de la venida de Cristo, y su obra a nuestro favor, es la de sumo sacerdote. La Epístola a los Hebreos explica ampliamente la realidad e importancia de este sacerdocio.

¿Por qué? Bueno, antes de la llegada de Jesús, y debido a los pecados del hombre desde Adán, el ser humano no podía estar en paz con Dios por sí mismo. No había forma alguna de calmar la ira santa y justa de un Dios sin pecado frente a un pueblo altamente pecaminoso. Dios lo sabía, y Él mismo instauró un sistema de sacrificios que apuntaba a la solución mayor y suprema: Cristo.

Dios ordenó a Moisés cómo debían hacerse los sacrificios; dónde y quiénes habrían de realizarlos. Si vamos al libro de Levítico, podremos apreciar la cantidad de detalles y especificaciones que Dios da para estos sacrificios, mediante los cuales Él promete pasar por alto las transgresiones del pueblo. Te invito a pasar tiempo en estos libros en paralelo : Levítico y Hebreos. En ellos vemos que es Dios quién pone las reglas del juego, pues es el único capaz de definir cómo puede ser pasado por alto el pecado. Él es el ofendido, y el Él es el JUEZ.

El pueblo de Israel debía realizar sacrificios y ofrendas quemadas por los pecados cometidos diariamente. Cada pecado tenía un tipo de sacrificio ordenado que debía ser llevado a cabo por el sacerdote en representación del pecador, quien se presentaba arrepentido con su ofrenda ante él. Sin embargo, el pueblo era consciente de que estas ofrendas eran insuficientes para sus pecados, pues debían vivir en constante ofrecimiento, de acuerdo a la abundancia y continuidad de su maldad. Esto les recordaba su realidad espiritual de impureza que contrastaba  con la santidad inmutable de Dios.  

Esos sacrificios eran llevados a cabo en el atrio del tabernáculo, y posteriormente en el templo, pero  el sacerdote podía entrar solamente hasta el Lugar Santo para cumplir  los oficios del culto (Hebreos 9:6) El lugar santísimo, donde moraba la presencia de Dios, y el arca del pacto con la ley, no podía ser visitado a causa de la santidad extrema que portaba ese lugar: La santidad misma del Dios que moraba allí.
Sólo una vez al año, Dios permitía, que el designado SUMO SACERDOTE, visitara aquel lugar para hacer expiación por el pecado de todos. Esta ocasión, constituía el día más importante para el pueblo de Israel: el día de la Expiación, celebrado en el día 10 del mes 7mo de cada año. El sumo sacerdote tenía que pasar por una semana de purificación personal, y luego en el día designado llegar al templo con su vestuario sacerdotal para después despojarse del mismo a fin de lavarse, quedándose con su ropaje interior blanco de lino, en señal de purificación, y ofrecer sacrificios. Primero por él mismo y su familia, y luego por el pueblo. Sólo entonces le era permitida la entrada al lugar santísimo con la sangre de los sacrificios ofrecidos. Debía ser hallado sin pecado, pues podía morir de no ser así. De salir con vida de allí, el sacerdote volvía a vestirse con su ropaje sacerdotal, mostrando así la la concesión del perdón de pecados para él y al pueblo, por parte de Dios. (Levítico 16:29-33 / Hebreos 9:1-8) Esto era un recordatorio de que el pecado separaba al pueblo de la presencia del Dios tres veces Santo. Quizá hasta este punto te estés cuestionando por qué si empezamos hablando de Cristo hemos hablado tanto del pueblo de Israel y el sistema de sacrificios instituido en el Antiguo Testamento, y la razón es porque todo el Antiguo Testamento, apuntaba a Cristo; Como una flecha lumínica que no puedes dejar de ver.Para ellos no era tan fácil de visualizar como lo es para nosotras hoy, puesto a que nosotras tenemos la Biblia completa, y ellos apenas podían ver sombra de lo que habría de venir. Debemos dar gracias a Dios por el privilegio de tener toda la historia, y un Espíritu Santo dentro de nosotros que nos lleva a toda verdad. En el NT, Cristo es afirmado como el sumo Sacerdote del nuevo pacto que es efectuado en su sangre. Él cumplió con todos los requisitos presentados en el A.T. para el sacerdocio. Desde el principio, el sumo sacerdote no podía instituirse a sí mismo, sino que era instituido por Dios. Y así mismo Cristo fue confirmado por el Padre como sumo sacerdote. (Heb. 5). No un sacerdote más de la descendencia de Aaron, sino uno supremo, que no tendría predecesor. 

¿Qué significa la palabra “sacerdote”? ¿en qué se diferenciaba un sacerdote de un “Sumo Sacerdote”?


La palabra sacerdote viene del latín y se compone de dos palabras: sacer, que
significa “sagrado” y ” dotis”, que significa “don, dote, regalo”. Por lo tanto, el sacerdote era la persona encargada de hacer cosas sagradas, tales como ofrecer el don, la ofrenda o el sacrificio a Dios.
Antiguamente había sacerdotes en casi todas las religiones y su función consistía en
ser mediadores entre los hombres y el Ser divino, cumplir ciertos ritos y ofrecer sacrificios. En
Israel se instituyó el sacerdocio durante el Éxodo y no cualquiera podía ejercer este cargo sino
solamente los descendientes de la tribu de Leví y los sumos sacerdotes que eran
descendientes de la línea de Aarón. Su principal función, entre muchas otras, era ofrecer
ofrendas y sacrificios para el perdón de los pecados del pueblo, diagnosticar y tratar algunas
enfermedades, elevar oraciones y bendecir a la gente, enseñar la Ley de Dios, y una vez al año,
el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo llevando la sangre del cordero sacrificado
para la remisión de los pecados.
La diferencia entre un sacerdote y un sumo sacerdote estaba en la jerarquía superior
del Sumo Sacerdote y de sus descendientes, es decir, de sus hijos. “Sumo” significa que es
“superior en su especie” como lo máximo. Para diferenciarse y que la gente pueda distinguir a
simple vista quien era quien, el sacerdote llevaba cuatro prendas de vestir y el Sumo Sacerdote
llevaba ocho prendas. Por ejemplo: vestía además de las cuatro prendes del sacerdote, un
manto que era un largo vestido sin mangas, tejido de púrpura violeta, bordado con campanitas
de oro, alternando con bellotas de lino y lana en forma de granada en color púrpura y
escarlata; además, llevaba un Efod que era un chaleco ricamente bordado, retenido por dos
piedras de ónice en los hombros. Los nombres de las doce tribus de Israel estaban grabados
sobre estas dos piedras, seis en cada piedra. En tercer lugar, llevaba el pectoral que estaba
adornado por doce piedras preciosas, y cada una llevaba el nombre de una tribu de Israel. En la
cabeza llevaba una corona, que era una lámina de oro puro con la inscripción “Santidad a
Jehová”.
La única manera para llegar a ser un Sumo Sacerdote según la Biblia, era haber
nacido del linaje de Aarón, por lo tanto, ninguno de otra familia de Israel podía
llegar jamás a ocupar este cargo; entonces ¿Por qué Jesús, siendo de la tribu de
Judá fue nombrado Sumo Sacerdote?
Jesús fue nombrado Sumo Sacerdote cuando, después de entregar su vida en la
cruz del Calvario, después de ser sepultado y resucitar al tercer día, y después de
subir al cielo y sentarse a la mano derecha de Dios su Padre recibió este grandioso
nombramiento, no aquí en la tierra sino en el cielo y se convirtió en un gran Sumo Sacerdote, como dice en Hebreos 4:14 “Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.”


Jesús, el Hijo de Dios “traspasó los cielos” cosa que nadie jamás había hecho antes ni
después. Jesús penetró los cielos, caminó a través de los cielos para ser investido como Sumo
Sacerdote para ministrar a favor de la humanidad. Mientras que los Sumos Sacerdotes aquí en
la tierra, cuando aún estaba en pie el templo de Jerusalén, llevaban la sangre de los animales
sacrificados al lugar santísimo, Jesucristo penetró al verdadero lugar santísimo en el cielo
llevando su propia sangre para el perdón de los pecados de todos los que creen en él.


¿Cómo es Jesús ministrando como Sumo Sacerdote?

Jesús es un sumo sacerdote compasivo y en quien podemos confiar.

Hebreos 4:15-16 “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”



• Jesús es un sumo sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades”. Y si es así, debemos estar seguros que tendrá
misericordia de nosotros y vendrá en nuestro socorro, dándonos la gracia del perdón y la restauración completa.

• Jesús es un sumo sacerdote que vive para interceder por nosotros.
Hebreos 7:23-25 “Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos debido a que por la muerte no podían continuar; más éste (Jesús), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

•Todos necesitamos que oren e intercedan ante Dios por nosotros, principalmente
cuando estamos atravesando un tiempo de pérdida, de enfermedad, de separación,
de búsqueda de trabajo o cualquier otra dificultad. La intercesión de otros nos anima, consuela, fortalece y bendice, incluso cuando aún no pase nada, porque sentimos que no estamos solos en nuestra lucha. Pero lo más extraordinario que tienen los hijos de

Dios, es decir, aquellos que recibieron a Jesucristo, es que Jesús siempre está

intercediendo por ellos. Porque la Palabra de Dios dice que Jesús “puede salvar

perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder

por ellos”. ¡Jesús vive para interceder por nosotros! Por lo tanto, estoy seguro que hoy Jesús oró por mí.

• Jesús es un sumo sacerdote que nos abrió un camino nuevo

Hebreos 10:19-22 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar

Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a

través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de

Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los

corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.”

Si aún no recibiste a Jesús, debes saber que hay un camino nuevo que Jesús abrió para tu vida como sumo sacerdote, por lo tanto ven a Jesús, acércate sinceramente, y si lo haces, él limpiará tu vida y tu conciencia.

¿Como llegamos a ser sacerdotes los hijos de Dios?

1 Pedro 2:9 el apóstol afirma: “Mas vosotros sois linaje
escogido, REAL SACERDOCIO, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las
virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
a partir del siglo 16 los que
estaban promoviendo la Reforma de la Iglesia entendieron que el plan original de Dios ha sido
que todos los miembros de una congregación son sacerdotes y no solamente los miembros del
clero. Porque el apóstol Pedro no escribió esta carta a los obispos o pastores sino a la iglesia
esparcida en cinco grandes regiones, “a los expatriados de la dispersión” (1:1) Todos ellos
debían anunciar el poder que tiene Jesús de cambiar vidas sacándolas de la oscuridad y las
tinieblas, es decir, “de anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz
admirable”. De esta manera entendieron que cada creyente era un sacerdote y que debía
predicar y enseñar el evangelio.
También entendieron que el único Sumo Sacerdote o Pontífice era Cristo y Cristo era el
único mediador entre Dios y los hombres, porque solamente él pudo abrir un nuevo camino
mediante su sangre derramada en la cruz para el perdón de pecados.
Recuerda que, cuando atiendes a tu grupo, tu sección o zona, estás ministrando como
sacerdote junto con otros sacerdotes, que son tus hermanos en Cristo, porque Dios te adquirió
para este propósito. Eres parte del “pueblo adquirido por Dios” para anunciar su Palabra, y
debes cumplir tu función como lo hizo Cristo, nuestro Sumo Sacerdote.Como Jesucristo debes compadecerte de las debilidades de los demás, para que puedan acercarse confiadamente y contarte sus problemas, para que puedas
aconsejar y guiar. Pero ser compasivo no significa ser permisivo y dar la impresión
que “todo es válido”. Recuerda la exhortación de Pablo a Timoteo “No impongas con
ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” (1
Timoteo 5:22) Porque la santidad era la condición que Dios puso a los sacerdotes
para servir.

Como Jesucristo debemos interceder por los hermanos. La unidad en la oración con la intercesión
de Jesús quien vive para interceder. Como sacerdote puedes orar por los que no
oran, rogar por los que no ruegan, suplicar por los que no suplican, interceder por
los que no interceden. Pide al Señor que ponga sus palabras en tu boca, que ponga
también su sentir en tu corazón mientras estás orando. Y no te olvides de
bendecir, porque bendecir es una tarea sacerdotal.

Como Jesucristo debes abrir un nuevo camino. El camino que nos abrió Jesús es
único, es un camino que nos conduce al Lugar Santísimo, es decir, a la misma
presencia de Dios. El abrió ese camino para nosotros, no para él, porque antes de
venir al mundo, el estaba allí, el vino del cielo para abrirnos un camino al cielo. Así
que, siguiendo su ejemplo, debes abrir un camino para que otros sean salvos,
debes abrir un camino para dar lugar a otros y formar nuevos líderes. Que tu sacerdocio sea grandemente bendecido para que bendigas a muchos y se cumpla la promesa de Dios “y serás bendición”.

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