Isaías 56

Profecías de juicio y redención

Isaías 56:1 Así dice el Señor: Preservad el derecho y haced justicia, porque mi salvación está para llegar y mi justicia para ser revelada.

Vemos que es una exhortación a la justicia, a la santidad de vida, dirigida expresamente a Israel sin exclusión de extranjeros, eunucos… Es un texto universalista, aunque teñido del nacionalismo de Israel.

Ellos deseaban SALVACIÓN y la SALVACIÓN llegó en un frasco que rebosó también para las demás naciones.

 

ROMANOS 11, 13-15 y 29-32

Os digo, pues, a vosotros, los gentiles: Por ser yo verdaderamente apóstol de los gentiles, hago honor a mi ministerio, pero es con la esperanza de despertar celos en los de mi raza y salvar a alguno de ellos.

Porque si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Vosotros, antes rebeldes a Dios, a través de la rebeldía de ellos habéis obtenido misericordia; lo mismo ellos: son ahora rebeldes para, a través de esa misericordia que habéis obtenido vosotros, obtener a su vez misericordia.

Porque Dios encerró a todos en la rebeldía, para tener misericordia de todos.

El judío Pablo lamenta la suerte de su pueblo, que ha rechazado a Jesús. Pablo siente la vocación de anunciar el Evangelio a los paganos, y comprueba una y otra vez el rechazo de las comunidades judías. Pero le duele la ceguera de su pueblo y expresa aquí su deseo y su confianza de que un día reconocerán a Jesús.

Dice aquí “mi salvación está cerca de venir”. Aparentemente los profetas esperaban el establecimiento del reino inmediatamente. Aunque tenían en cuenta la posibilidad de un intervalo, lo veían en un futuro inmediato. Aquí la “salvación” es la salvación nacional de Israel. Esto es lo que estaba en la mente del apóstol Pablo en Romanos 11:26, cuando dijo: “Luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad”. La expectativa de la salvación que se acercaba sería un incentivo para actuar con justicia, así como nuestra esperanza de la venida del Señor Jesucristo es un estímulo para vivir una vida santa.

Isaías 56:2 Cuán bienaventurado es el hombre que hace esto, y el hijo del hombre que a ello se aferra; que guarda el día de reposo sin profanarlo, y guarda su mano de hacer mal alguno.

Dios ordenó al pueblo que descansara y que lo honrara en el día de reposo. Quiere que lo sirvamos todos los días, pero quiere que apartemos uno especial en el que descansemos y concentremos nuestros pensamientos en El. Para los israelitas, este día especial era el sabat (sábado). Algunos cristianos apartan el sábado como día especial, pero la mayoría acepta el domingo como el «Día del Señor», un día de descanso y honra a Dios.

El hijo de hombre : Toda la humanidad. Que guarda el día de reposo : Simboliza todo el proceso del arrepentimiento y el firme deseo de caminar con el Señor.

Bienaventurado el hombre que esto hiciere,
y el hijo del hombre que esto abrazare:
que guarda el sábado de profanarlo,
y que guarda su mano de hacer todo mal.

Y el hijo del extranjero, allegado á Jehová,
no hable diciendo: Apartaráme totalmente Jehová de su pueblo.
Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco.

Porque así dijo Jehová á los eunucos que guardaren mis sábados,
y escogieren lo que yo quiero, y abrazaren mi pacto:

Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros,
y nombre mejor que el de hijos é hijas;
nombre perpetuo les daré que nunca perecerá.

Que el extranjero que sigue al Señor no hable diciendo: Me apartará totalmente el Señor de su pueblo, ni diga el eunuco: He aquí, yo soy un árbol seco.”

El no judío en aquel día no se sentirá como que será un forastero a causa de este arreglo peculiar de Dios con Israel. Por el contrario, él será invitado a entrar y compartir las bendiciones. Un eunuco no podía servir como sacerdote bajo la economía mosaica. En otras palabras, una discapacidad física no dejará a nadie fuera en aquel día futuro. Luego, en los dos versículos siguientes, los versículos 4 y 5, leemos:

“Porque así dijo el Señor: A los eunucos que guarden mis sábados, que escojan lo que yo quiero y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y un nombre mejor que el de hijos e hijas. Les daré un nombre permanente, que nunca será olvidado.”

Es decir que los discapacitados, los extranjeros, y todos los desterrados serán invitados a aceptar las propuestas compasivas de Dios para ocupar una posición que será mejor que la de hijos o hijas, y una seguridad que será eterna. Ahora, la ley no preveía estas concesiones. Es que el profeta estaba hablando del reino. Luego, el versículo 6, dice:

“Y a los hijos de los extranjeros que sigan al Señor para servirle, que amen el nombre del Señor para ser sus siervos; a todos los que guarden el sábado para no profanarlo, y abracen mi pacto”

El extranjero recibirá un corazón nuevo para que en aquel día pueda amar al Señor. Y el versículo 7, continúa diciendo:

“Yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.”

Éste es el versículo del cual citó el Señor Jesucristo cuando limpió el templo por segunda vez. La intención original de Dios era que el templo fuera utilizado por todos los pueblos, indiferentemente de su raza, idioma, color, clase o condición.

Dice el Señor Dios, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún reuniré en él a otros, junto con los ya reunidos.”

El reino tiene que ser algo mundial en su extensión e incluirá a miembros de cada familia de la raza humana. Dios dice que en aquel día Él reunirá a la gente. Opinamos que el gran movimiento de renovación espiritual del regreso a Cristo tendrá lugar en el reino.

Ahora que hemos contemplado una hermosa imagen del reino futuro, Isaías volvió a destacar los problemas del reino de su tiempo. Y nosotros vemos los mismos problemas al mirar hoy a nuestro alrededor. Leamos el versículo 9 de Isaías 56:

“Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque, venid a devorar.”

Nuestra visión ahora se desplaza de la elevada contemplación del futuro y glorioso reino, a la lamentable condición del reino que existía en aquella época. A través de la historia, Dios ha permitido a las naciones del mundo que entraran a ese lugar como bestias salvajes y feroces, cometiendo robos y todo tipo de saqueos. Asiria ya había entrado, y Babilonia pronto haría lo mismo; más tarde otros ejércitos vendrían para cometer actos de pillaje y destruir. Si usted ha visto fotografías de las murallas de Jerusalén y del muro de los lamentos, habrá observado que ellos han sido construidos por piedras de diferentes períodos de la civilización. Es evidente que la ciudad ha sido destruida en repetidas ocasiones. La historia nos relata que ha sido destruida al menos 27 veces, y en la actualidad se encuentra reedificada sobre escombros. Y si usted quiere ver cómo era el terreno sobre el cual caminó Cristo, tendría que cavar para descender por lo menos 10 ó 15 metros debajo de la superficie actual. Dios permitió que esas naciones vinieran contra Israel. ¿Por qué? Porque Israel, como nación, le falló a Dios. En el versículo 10 dice:

“Sus guardianes son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar; soñolientos y perezosos, aman el dormir.”

Aquí tenemos una imagen de los profetas y los sacerdotes que hablaban con Dios en aquel día. Dios permitió que el enemigo tomara Jerusalén por causa de los líderes débiles e inadecuados del pueblo. Eran ciegos, eran ignorantes, y eran perros mudos. Recordemos que el apóstol Pablo dijo en su carta a los Filipenses, capítulo 3, versículo 2: “Guardaos de los perros”. ¿Qué quiso decir? Por supuesto no estaba hablando sobre el estar precavido ante el perro de un extraño que nos está ladrando. Se estaba refiriendo a maestros y predicadores falsos que no estaban proclamando toda la enseñanza de Dios. En los tiempos de Isaías, cada pastor tenía un perro para ayudarle a vigilar las ovejas, y ese perro, por la noche, se echaba cerca de las ovejas para vigilarlas. En el momento en que se acercaba un animal peligroso, o alguna otra persona desconocida intentaba robar o herir a las ovejas, este perro ladraba. Ahora los que vigilaban, profetas y sacerdotes, que tenían que haber advertido al pueblo de Dios y enseñándoles la Palabra de Dios, eran ignorantes con respecto a ella. Eran como perros mudos, que no ladraron cuando se acercaba el peligro. Para ellos fue más fácil quedarse callados.

Esos perros voraces son insaciables, y los pastores mismos no saben discernir: todos ellos siguen sus propios caminos, buscando cada uno su propio provecho, cada cual por su lado.”

En la frase “perros voraces” vemos que Isaías quería decir que aquellos dirigentes de Israel estaban más preocupados con sus propios intereses que con el bienestar de su pueblo. Continuemos leyendo el versículo 12:

“Ellos dicen: ¡Venid, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y el día de mañana será como este, o aun mucho más excelente!”

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