Frutos de labios que alaban su nombre.

Así que,  ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir fruto de labios que confiesan su nombre.

Hebreos 13.15

Este pasaje del libro de Hebreos nos habla sobre sobre Jesús, ligados con las palabras sacrificio, alabanza, frutos, confesar su nombre.

Es tan importante lo que proferimos en nuestras palabras, siempre se habla sobre el poder de ellas en nuestra vida. Siempre confesamos nuestros pensamientos, ideas, creencias, etc.

La alabanza es un estado en el corazón donde se revela la adoración de lo que creemos. David es un gran ejemplo de un adorador; todas sus expresiones de alabanza se encuentra en los salmos, inclusive en sus momentos de pruebas, dolor, el confesaba continuamente a su Señor.

David expresó en un salmo que él oraba a Dios tres veces al día (Sal. 55:17). Pero en otro salmo, él dijo que alababa a Dios siete veces al día (119:164). Fue por inspiración del Espíritu Santo que David reconoció la importancia de la alabanza Además, él designó a algunos levitas para que tocaran salterios y arpas a fin de exaltar, agradecer y alabar a Dios, delante del arca del pacto. Cuando Salomón terminó la edificación del templo del Señor, los sacerdotes llevaron el arca del pacto al interior del Lugar Santísimo. Al salir los sacerdotes del Lugar Santo, los levitas situados junto al altar tocaban trompetas y cantaban, acompañados de címbalos, salterios y arpas. Todos juntos cantaban alabanzas a Dios. Fue en ese preciso momento que la gloria de Jehová llenó Su casa (2 Cr. 5:12-14). Tanto David como Salomón fueron personas que conmovieron el corazón de Jehová al ofrecerle sacrificios de alabanza que fueron de Su agrado. Jehová está sentado en el trono entre las alabanzas de Israel. Nosotros debemos alabar al Señor toda nuestra vida. Debemos dar ofrenda de adoración en cada área, que exalte su nombre, hablar de El.

Las expresiones de alabanza no siempre proceden de aquellos que se encuentran bién, sino que proceden mucho más de aquellos que son probados, disciplinados a veces. En los salmos podemos leer los sentimientos de un alma afligida como las alabanzas más sublimes. Dios echa mano de muchas penas, dificultades, dolor físico a fin de crear alabanzas en Su pueblo. El Señor hace que también a través de las circunstancias difíciles, aprendamos a ser personas que alaban en su presencia.
La alabanza más entusiasta no siempre procede de las personas que están más contentas. Dios no desea que los hombres le alaben sólo cuando se encuentren en la cima contemplando Canaán, la tierra prometida; más bien, Dios anhela que sus hijos le alaben, aun cuando anden “en valle de sombra de muerte”; en ese momento surge el sacrificio de alabanza.

Jesús es el puente para que nuestra adoración sea un perfume delante del Padre, especialmente cuando nos esmeramos en exaltar su nombre, y lo hacemos con convicción.

 

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