Estableciendo su reino.

Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; más ahora mi reino no es de aquí.
Juan 18.36

Jesús habló estas palabras cuando Pilato le preguntó si era Rey, justo antes de ser condenado a la cruz. En ese momento el mismo le confirmó su duda, y le específico de donde provenía su reino. El es un Rey diferente, así como dice en el libro de Hebreos 7, Jesús se constituyó Rey según el orden de Melquisedec, la figura del Rey de Salem, el rey de Paz, el rey de Justicia (figura o siendo el mismo en el A.T) y su sacerdocio único como un tipo de sacerdocio, el nuevo sacerdocio de Cristo es superior al antiguo orden levítico y al sacerdocio de Aarón, (el linaje de sacerdocio), Pero porqué debía ser diferente?: por el nuevo pacto. Un nuevo Rey, Un nuevo Sacerdote, Un nuevo Profeta; vino a romper las estructuras judías, para abrirnos paso a una conexión con el Padre, y deja caer el velo para ver Su reino.

Esas facetas de Cristo fueron sus ministerios en la tierra, por eso estan relacionadas entre sí, para revelar su identidad, y su misión.

Su posición en el trono 

No es solo que Jesús está sentado, sino el lugar que ocupa en el tabernáculo celestial, es el trono a la diestra de Dios. Ningún sumo sacerdote en el Antiguo Testamento, se sentó y mucho menos en un trono, esto es muestra indudable de que Dios cumplió su Palabra declarada en el Salmo 110:1, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Un solo sumo sacerdote, podía sentarse en el trono a la diestra de Dios, y ese debía ser uno que venía de un sacerdocio más alto que el sacerdocio de la línea de Aarón, es decir, del sacerdocio de Melquisedec; quien era rey y sacerdote, ya que ningún sumo sacerdote del Antiguo Testamento fue rey.

Nuestro sumo sacerdote fue exaltado y llevado más allá de los cielos, y el hecho de que Jesús fue llevado al lugar más alto en los cielos, nos muestra que el nivel del nuevo pacto es más elevado que el anterior. Es simple, la presencia de un mejor sumo sacerdote en los cielos, demanda la presencia de un mejor pacto.

En el antiguo pacto, todos los sumos sacerdotes debían presentar ofrendas y sacrificios, así que Jesús también debía hacerlo. Pero, ¿dónde lo tendría que hacer Jesús? Solo en el lugar indicado por Dios.

Ese lugar indicado por Dios, es el santuario celestial. La respuesta es lógica, si Jesús es el gran sumo sacerdote y como tal, el sacrificio y ofrenda que presentó fue en ese ámbito, y por cuanto Jesús está en los cielos, entonces el santuario debe estar en los cielos también.

No debemos pensar que Jesús está en el cielo presentando sacrificios como en el Antiguo Testamento, cada año. En la cruz, Jesús se ofreció a sí mismo y resucitó y ahora está en el cielo, así que Jesús es «un sacrificio vivo» que fue presentado una sola vez y ahora, está en el cielo sentado en el trono de la Majestad. Por lo tanto, Jesús vino a ser sumo sacerdote, no de este santuario terrenal sino del celestial, de lo contrario Jesús nunca había podido entrar en el santuario a ofrecerse como sacrificio, pero Jesús si puede servir como sacerdote en el cielo, ya que allí el sacerdocio gobernante es el de la línea de Melquisedec y no el de la línea de Aarón.

El título de “rey» se asocia con la idea de reinar y gobernar. El sacerdote está activo en el servicio de los sacrificios a los efectos de reconciliar al hombre con Dios. De un profeta se espera que anuncie la voluntad de Dios y prediga acontecimientos que vendrán. Jesús fue no solo el sacerdote, el fue el sacrificio, el mayor profeta que proclamó el reino que vendría.

Al salir del reino de las tinieblas vinimos a ser ciudadanos del Reino de los Cielos. La palabra reino es traducido del vocablo griego «basilea», que significa: dominio, gobierno, autoridad, etc. El reino es la esfera de autoridad de un rey; el que habita bajo ese territorio está sujeto a la autoridad de ese rey.

El Reino de Dios es el derecho que Dios tiene de gobernar nuestras vidas y la obligación que nosotros tenemos de estar sujetos a su autoridad. Podríamos decir que el Reino de Dios es el «gobierno de Dios sobre nuestras vidas».

También podemos decir que el Reino de Dios es algo interno, que incluye la sumisión de nuestro corazón a la voluntad de Dios.

Es una realidad dentro de nosotros que se refleja en el mundo material.

Es un reino de libertad espiritual donde gobierna el Espíritu Santo, donde somos libres de ataduras diabólicas, de temores, de vicios, pecados, etc (Mateo 12.28).

Es un reino que está basado sobre principios de autoridad, excelencia, fe, amor, sumisión, adoración, dependencia y solo puede ser visible si le damos nuestra vida.

La Iglesia es la llamada a establecer el reino de Dios en la Tierra.

El reino de Dios se establece cuando cada cristiano toma la responsabilidad de ser un embajador de Cristo. Ser embajador es ser un representante de El aquí en la tierra.

Mateo 6.10 es un pasaje muy conocido de la Biblia, y la mayoría de los cristianos hemos dicho estas palabras muchas veces: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Pero, ¿sabemos lo que estamos pidiendo a Dios? En ese momento Jesús desea que la voluntad de Dios sea el propósito nuestro en la tierra, para estar preparados a un reino perfecto futuro, es un antesala de lo que vendrá.

En el Antiguo Testamento, Dios prometió a Israel un reino terrenal, literalmente, con el Mesías gobernando al mundo desde Jerusalén. Y eso era exactamente lo que los judíos esperaban que hiciera el Señor: derrocar a Roma, exaltar a Israel como cabeza sobre todas las naciones, y generar abundantes bendiciones de prosperidad y paz. Ellos entendieron las características del reino, pero no reconocieron que antes de que ese reino pudiera venir, el Mesías tenía que sufrir y morir por los pecados del pueblo, como está profetizado en Isaías 53. Jesús vino para ofrecerse a sí mismo como un sacrificio por el pecado, para que los que crean en Él puedan reconciliarse con Dios, recibir la vida eterna, y convertirse en herederos de su reino.

Después de pasar 40 días enseñando a sus discípulos acerca del reino de Dios, el Señor no cambió su mensaje de que el reino le sería devuelto a Israel, aunque la nación había rechazado a su Mesías. Simplemente dijo que no podían saber en ese momento cuándo sucedería, y les explicó que la misión de ellos era servir como testigos, ser embajadores del evangelio.

Y eso es, precisamente, lo que Pedro hizo en Hechos 3. Señaló el pecado de Israel al rechazar a Jesús, y llamó al pueblo a arrepentirse para que vinieran “tiempos de refrigerio” y “los tiempos de la restauración de todas las cosas” . Ambas frases se refieren al reino que fue profetizado en la biblia. Jesús va a volver para establecer el reino mesiánico.

La espera del prometido reino de Israel no era una sorpresa para Jesús. Él habló por muchas parábolas en Mateo 13 para referirse al reino de los cielos, tal como sería antes de su regreso para gobernar desde Jerusalén. De esas enseñanzas aprendemos que el presente reino de Dios se caracteriza por el crecimiento, añadiéndose cada día más personas que creen y desean que la luz de Cristo se refleje. Comenzó siendo muy pequeño con apenas unos pocos discípulos y esta creciendo al paso del tiempo a medida que el evangelio se ha extendido por todo el mundo.

Jesús vino la primera vez a buscar y a salvar a los perdidos, pero cuando regrese a establecer su reino será un tiempo de juicio. La Biblia describe cómo se sentará Él en su trono glorioso, y cómo separará a los justos de los impíos.

En el presente estamos en un mundo gobernado por el enemigo, donde estamos temporalmente porque nuestra ciudadanía es celestial, y es por eso que estamos en una lucha constante con el reino de las tinieblas. Sin embargo sabemos que la victoria final fue ganada en la cruz con Cristo, venciendo el pecado, y haciéndonos coherederos de la nueva Jerusalen. Despiértate, busca Su reino.

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