Es tiempo de la siega.

¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”? He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que ya están blancos para la siega. Juan 4.35

La palabra «cosechar» en español se puede describir de tres formas o palabras. La primera es «cosecha»; que es cuando corta el grano maduro de la planta. Segundo es: «ciega»; que es cuando el grano maduro es puesto a secar. El tercero es «la mies»; que es cuando lo levanta y lo lleva a los graneros.

En el contexto de estos versículos, describe a Jesús hablando con una mujer samaritana, un acto muy inusual para una persona judía en ese tiempo, pero además no le estaba diciendo unas simples palabras, le estaba abriendo sus ojos espírituales sobre el reino, revelando su identidad divina.

Mientras, sus díscipulos fueron a traer algo para comer, pero al regrezar ellos se encontraron que misteriosamente Jesús ya no deseaba la comida y por más que le insistían el rechazaba. Parecía que lo que antes había sido el objetivo de todos, tanto de Jesús como de sus díscipulos, ahora ya no era para el (parecía que algo poderoso había ocurrido en la ausencia de ellos, a tal punto que la comida como tal pasó en último plano en su vida). Les respondió que ahora su comida era solo la voluntad de su padre y acabar la obra que había venido a hacer en la tierra.

Los díscipulos de Jesús todavía no sabían, no alcanzaban a comprender la urgencia del momento: evangelizar, ganar almas.

Al parecer Jesús y los discípulos habían estado hablando sobre los tiempos de la siega, o puede ser que fuese un refrán entre el pueblo judío “no decís vosotros aún falta 4 meses” o en realidad faltaba 4meses para que fuese el tiempo de cosechar las vendimias y los frutos, y utilizó como metáfora diciendo que los campos estaban listos, porque ya era el tiempo, porque la cosecha pasada de su tiempo se pudre, por eso era muy necesario que hicieran la obra.

“He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. “

Pero Jesús dijo ayer y lo dice hoy: alza tus ojos y mira: la cosecha esta lista, la hora de la siega es ya, los campos están blancos. Así como estaban los samaritanos sedientos, así hoy por hoy el mundo está sediento del agua de vida que es Jesús.

Desde los tiempos de Jesús se nos está ordenando a alzar nuestros ojos para ver que los campos están blancos y que el tiempo de la siega es ahora, Dios ve a su creación perdiéndose cada día.

En Mateo 13:38 el Señor nos da la explicación a una parábola que dice: “…El que siembra la buena semilla, es el hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los hijos del reino…”

Los principios de la comisión al que somos llamados consiste en la siembra y la cosecha.

La siembra consiste en la preparación del suelo y la plantación de la semilla. Para ganar almas para Cristo, también incluye la preparación y la siembra. Los corazones deben estar preparados para recibir el evangelio, cultivar y dejar caer la semilla que es la Palabra. Este proceso implica amor, oración y paciencia. Asimismo, el proceso de la cosecha se trata de almas que han escuchado, brotó la semilla porque la tierra era buena y decidieron entregarse a Jesús.


Tanto la siembra y cosecha son necesarias. Pero, los dos no se realizan siempre por la misma persona. Podemos cosechar donde otros han sembrado. Justo como en el caso de Samaria, donde Jesús dijo: “Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.” – Juan 4:38

El Señor había sembrado la Palabra en la mujer samaritana, y ahora los apóstoles se tenían que preparar ahora recoger el fruto de una multitud de samaritanos que llegaron a creer en el Señor por medio del testimonio de ella.
Y no sólo eso, sino que también podemos establecer una conexión entre este suceso y la obra que Felipe el evangelista hizo entre los samaritanos algunos años después que relata el libro de Hechos de los Apóstoles 8: 5-8. En ese caso, Felipe segó donde Jesús había sembrado.
Con frecuencia muchos de nosotros tendemos a pensar que para comenzar una gran obra es necesario hacer un importante movimiento de medios, televisión, escenarios, etc. Pero Jesús buscó una conversación personal con alguien insignificante, sin relevancia social. Y este fue precisamente el comienzo de un gran movimiento espiritual entre los samaritanos. Dios no necesita muchos talentos, si corazones dispuestos. Siembra y siega.

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