El rostro de Dios y la nueva Jerusalén

 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. Apocalipsis 22.4

Dios nos da sus últimas palabras. Hemos sido llevados al final del camino del ser humano. El viaje por este libro nos deja muchos misterios. Sabemos que cuando entremos en la Eternidad, en una recuperada comunión con Dios, todo va a dar sentido y habrá respuesta para todos los misterios que no fueron revelados. La palabra termina con el Señor en la escena como rey, en total control sobre todo y todos. 

En los versículos 1-5, la Nueva Jerusalén es descrita como el paraíso de Dios, parecido al Edén original,
pero superior a ese edén. Estos versículos “muestran que la redención de Dios devolverá la nueva creación al
estado del huerto de Edén y a la intención del Creador con la humanidad”. Estos versículos también
contienen la experiencia de la bendición eterna. Luego, los versículos 6-21 contienen la exhortación
basada en la bendición eterna.

La Biblia comienza con una escena donde el protagonista es Dios. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Génesis 1:1. Y termina con la escena, en la que Jesús, Su Hijo, será el protagonista. El profeta Isaías, en el capítulo 53 de su libro, versículo 11, expresó: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”

En los primeros 5 versículos del capítulo 22 de Apocalipsis, nos encontramos con el Río de Agua de Vida y con el Árbol de la Vida.

 

22:1 — Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero —

        — Después me mostró — Juan continúa la descripción de la santa ciudad (los versículos Apocalipsis 22:1-5).  Ahora se enfatizan las grandes bendiciones de la vida eterna con Dios en el cielo.

        — un río … cristal —  El paraíso de Edén también tenía su río (Génesis 2:10).  Como el agua es necesaria para la vida física, así es simbolizado en es­te pasaje todo lo que será necesario para la vida eterna.  El símbolo de agua en este versículo, y el de árbol en el próximo (“el árbol de la vida”) junta­mente simbolizan el carácter abundante de la salvación de los redimidos.  Sim­bolizan la medida absolutamente llena de bendiciones de Dios y su comunión con los salvos para siempre jamás en la ciudad eterna.  Esta “agua” es limpia; es decir, sin elemento extraño–pura vida. 

        — que salía … Cordero —  Se enfatiza el origen de toda bendición espi­ritual en la salvación del hombre. 

Primero describe el Río de Agua viva. Este cuadro refleja muchos pasajes del Antiguo Testamento. En su trasfondo se encuentra el río que regaba el Huerto del Edén Génesis 2:8-16. Aún más cerca se encuentra la descripción de Ezequiel, del río que salía del Templo Ezequiel 47:1-7 Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar.

Uno de los autores del libro de los Salmos cantaba al río cuyas corrientes alegraban la ciudad de Dios Salmo 46:4.
Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,
El santuario de las moradas del Altísimo
.

Y el profeta Joel escribió: “Saldrá una fuente de la Casa del Señor” (Joel 3:18).

Y el profeta Zacarías: “Aguas vivas saldrán de Jerusalén” (Zacarías 14:8). Íntimamente relacionada con ésta nos encontramos en las Escrituras con La Fuente de la Vida; que en Apocalipsis encontramos en el 7:17 y 21:6.

        22:2 —   En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones —

El primer Edén tenía su árbol de vida (Génesis 2:9).  En el Edén espiritual, que es la vida eterna con Dios (“vida” significa unión), ha­brá vida abundante para todos para siempre.  Esto es todo el punto de este sim­bolismo de un árbol dando su fruto continuamente.

El Árbol de la vida es un árbol frutal, que produce 12 clases de frutos diferentes, uno cada mes. El Árbol de la vida es un símbolo de la vida eterna así como de una bendición continua. El árbol, con sus doce frutos, uno por mes, es símbolo de la provisión, abundancia y variedad que habrá en esa ciudad celestial. La palabra “terapéutico” se deriva de la palabra griega que aquí se ha traducida “para la sanidad”. Las hojas del árbol, de algún modo, enriquecen la vida celestial para que ésta sea plena y celestial.

        No habrá enfermedad en el cielo (Apocalipsis 21:4, y por eso no habrá necesidad de na­da que sane.  El punto es que el pueblo de Dios redimido habrá tenido todo lo necesario para su sanidad espiritual, su salvación eterna).

 

        22:3 — Y no habrá más maldición;  y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán —

        — Y no habrá más maldición — Hubo una maldición en Edén (Génesis 3:14) a causa de la introducción del pecado.  La maldición conti­nua a causa del pecado en el mundo.  En el Paraíso eterno no habrá más maldición, pues no habrá pecado a­llí.

 

        — y sus siervos le servirán —  No se sabe en qué consistirá este ser­vicio, pero será de continuo (Apocalipsis 7:15).

        22:4 — y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes —

        — y verán su rostro — Esto indica la íntima comunión que tendrán los sal­vos con Dios y con Cristo y su aceptación ante ellos. 

 

        22:5 — No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos —

 

        — y reinarán … siglos —  Todos los siervos de Dios parti­ciparán en este reinado espiritual, y ¡no habrá otros sobre los cuales reinen! Así es que el significado es que durante la eternidad, todos los salvos esta­rán sujetos al trono de Dios y figuradamente reinarán con él por medio de su su­jeción continua a él.

        La vida del cristiano es una vida de victoria sobre el diablo y el peca­do, ahora y para siempre, no por nuestros méritos, sino porque Jesús venció, por sus méritos podemos entrar a la nueva Jerusalén.

* * * * * * *

        La parte simbólica (es decir, las cosas de visiones) de este libro termi­na con este versículo.  El resto de este capítulo contiene el testimonio de Dios, de Cristo, y de Juan a la veracidad de la revelación, y contiene algunas promesas y advertencias finales, extendidas por Dios a la raza humana por el pecado.

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        22:6 — Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Nuestro anhelo del Cielo debe ser el anhelo por Dios, un anhelo que involucra no sólo a nuestro ser interior sino también a nuestro cuerpo. Estar con Dios es el corazón y el alma del Cielo. Todos los otros placeres celestiales derivarán y serán secundarios a su santa presencia. El don más grande de Dios es, y siempre será, sí mismo.

Salmos 26.8 Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, Señor, buscaré.

Salmos 24.6 Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah

El rostro de Dios” puede significar el ser real y verdadero de Dios, su personalidad, deidad; la inferencia es que nadie puede mirar a Dios ahora tal como es en su total pureza y majestad.

 

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