El Espíritu Santo.

Cuando decimos Espíritu Santo estamos marcando la diferencia entre el espíritu divino y el espíritu humano.

El Espíritu Santo es una persona invisible, igual que El Padre, y el Hijo. Los tres son UNO, pero separados. El mismo Dios, la misma esencia, pero en diferentes facetas se le puede decir. Es muy difícil de entender, en sí no vamos a llegar a comprender por completo lo que Es la trinidad, pero podemos ir descubriendo o experimentando lo que dice la palabra sobre lo que significa o quienes Son y en este escrito, queremos enfatizar más sobre la persona del Espíritu Santo.

En el nuevo testamento Juan (el Bautista) bautizaba para el perdón de pecados, pero también proclamaba que Jesús vendría con un bautismo que sería mucho más amplio y profundo. “Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Mateo 3:11

¿Qué es el bautismo del Espíritu?

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Hechos 1: 4-5

Hechos relata la historia de los primeros cristianos, nos muestra cómo el Reino de Dios vino a la tierra a través de Jesús, su Espíritu, y su Iglesia. Los discípulos experimentaron en el día de Pentecostés el bautismo del Espíritu.

En el capítulo 2 habla sobre este bautismo que fue como una fiesta para celebrar la llegada del Espíritu Santo, porque en el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo estaba en medio del pueblo de Dios y capacitaba a algunos hombres para tareas especiales Ex. 31:3. Pero no era dado a todos y podía ser retirado. Jueces. 13:25

Los discípulos habían estado con Jesús y abrazaron con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a comprender todo lo que vivieron: era necesario que llegara ese Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas. Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por El, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés el Espíritu vino para manifestarse: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los hizo firmes, seguros, audaces a los Apóstoles para llevar el evangelio escuchandose vibrante por las calles y plazas de Jerusalén, y despues fue extendiéndose a otros lugares.

Pero los acontecimientos de aquel día en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego nos muestra además la gran manifestación del poder de Dios, con el que la iglesia inició su camino entre las naciones. La victoria que Cristo con su obediencia, en la Cruz y con su Resurrección había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divinidad. El poder de Dios llegó a sus vidas, ellos experimentaron una corriente espiritual de fuerza y estaban llenos de alegría que las personas pensaron que estaban ebrios.

Ciertamente en ese primer momento el bautismo del Espíritu Santo coincidió con la habilidad de ellos hablar en lenguas, pero no necesariamente siempre sería así. El apóstol Pablo en 1 de Corintios 12:13 dice que “por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados”, refiriéndose al Espíritu de Dios. En el contexto de este pasaje Pablo está hablando de que hay diversos dones (12:4), ministerios y operaciones, y que “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”. Luego menciona en esta lista el hablar e interpretar de lenguas (1 Co. 12:10), que le es dado a algunos. Es importante decir que sí todos hemos sido bautizados por el Espíritu Santo, pero no todos hablamos en lenguas, pues el bautismo del Espíritu Santo no puede ser el equivalente al don de lenguas. 

El bautismo del Espíritu ocurrió por primera vez en el día de Pentecostés, pero es una experiencia de la cual participan todos los cristianos, como bien afirma Pablo. El bautismo del Espíritu Santo es una experiencia que no se pierde; es única, ocurre una sola vez en el momento en que una persona comienza a creer en la persona de Jesús como Señor y Salvador. Es ese bautismo lo que accede a esa persona, dentro de la familia de Dios. Una vez más, ocurre una sola vez, el día que la persona cree en Cristo genuinamente, arrepintiéndose de sus pecados.

¿Que es ser llenos del Espíritu?

La llenura del Espíritu Santo, que es lo que a veces se confunde con el bautismo del Espíritu, es una experiencia repetitiva, muchas veces a lo largo de nuestra vida de fe; a diferencia de la experiencia del bautismo que es una experiencia única.

  • Hechos 2:4: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse”.
  • Hechos 4:8: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo”.
  • Hechos 9:17: “Ananías fue y entró en la casa, y después de poner las manos sobre él, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo”.
  • Hechos 13:9: “Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando la mirada en él”.
  • Hechos 13:52: “Y los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo”.

Vemos en la cita de Hechos 2:4 que el Bautismo del Espíritu Santo ocurrió simultáneamente con el don de hablar en lenguas. Sin embargo, vemos en otras ocasiones cómo la llenura resultó en la habilidad que los apóstoles tuvieron de hablar la Palabra de Dios con denuedo. Esta llenura del Espíritu Santo, algo que muchos no saben, no solamente se dio en el Nuevo Testamento; ocurrió también en el Antiguo Testamento.

  • Éxodo 28:3: “Y hablarás a todos los hábiles artífices, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón para consagrarlo, a fin de que me sirva como sacerdote.
  • Éxodo 31:3: “Y lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de arte”.
  • Deuteronomio 34:9   “Y Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le escucharon e hicieron tal como el SEÑOR había mandado a Moisés. 
  • Isaías 61:1: “El Espíritu del Señor DIOS está sobre mí, porque me ha ungido el SEÑOR para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón…”.

No todos los creyentes experimentan la llenura del Espíritu Santo. El apóstol Pablo nos manda a no embriagarnos con vino, “sino sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18 ). De manera que el apóstol no nos está dando una opción sino un mandato, inspirado por el Espíritu de Dios: el mandato es “ser lleno del Espíritu”. Penosamente, aunque es un mandato, no todos los cristianos experimentan esa “llenura”, porque esta llenura depende de cuánto nosotros estemos en condiciones de cederle el control de nuestras vidas al Señor. En la medida en que nosotros nos rendimos a Dios, en esa misma medida el Espíritu de Dios hace su trabajo en nosotros. “La llenura” entonces significa cuando estamos rebozando en nuestra vida espiritual, haciéndose visible en el espejo de la palabra, la imagen de Jesús en nosotros, con los dones que el Espíritu también nos da.

Las obras del Espíritu Santo.

Una de las funciones principales del Espíritu Santo es ser el testigo de Jesús. Él habla a los corazones de la gente, en nosotros, la verdad de Jesús.

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Juan 16.14

El Espíritu dio testimonio tanto al testificar de Jesús como Hijo de Dios como al dar a Jesucristo poder para llevar a cabo su comisión como el Hijo de Dios.

Juan el Bautista dijo: “Vi el espíritu bajar como paloma del cielo, y permaneció sobre él. Ni siquiera yo lo conocía, pero El mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, éste es el que bautiza en Espíritu Santo.’ Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”— Juan 1: 32-34

Jesús mismo aclaró que el E.S testificaría aun después de todo lo que pasaría de él, diciendo a sus apóstoles: “Cuando llegue el ayudante que yo enviaré a ustedes del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, ése dará testimonio acerca de mí.”—Juan 15:26

Especialmente desde el bautismo en Pentecostes el dió este testimonio ayudando a los discípulos de Jesús a entender las profecías bíblicas que demuestran que Jesús es el Hijo de Dios. Esto está en armonía con las palabras del apóstol Pablo que demuestran que Dios revela la verdad a su pueblo “por medio de su espíritu, porque el espíritu escudriña todas las cosas, aun las cosas profundas de Dios.”— 1 Corintios 2: 10

El E.S. testificó sobre Jesús al darle poder para hacer obras poderosas que probaban que él era el Hijo de Dios. Como él mismo dijo: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aun cuando no me crean a mí, crean por las obras.” El apóstol Pedro testificó: “Dios lo ungió con Espíritu santo y poder, y fue por la tierra haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el Diablo; porque Dios estaba con él.”—Juan 10.37-38 Hechos 10.38

Revela la verdad.

La presencia del Espíritu dentro de nosotros, nos permite comprender e interpretar la Palabra de Dios. Jesús les dijo a Sus discípulos: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad”. Él revela a nuestras mentes todo el consejo de Dios, en relación con la adoración, la doctrina y del Señor mismo. Él es el guía fundamental, que va delante de nosotros, mostrando el camino, abriendo nuestro entendimiento y haciendo todas las cosas claras y evidentes. El Espíritu nos convence de la deidad y encarnación de Cristo, Su identidad como el Mesías, Sus sufrimientos y muerte, Su resurrección y ascensión, Su exaltación a la diestra de Dios, y su función como Juez, el que va a juzgarnos en un futuro.

El Espíritu Santo nos guiará a la verdad. Sin el Espíritu Santo no podemos saber la diferencia entre la verdad y el error. Sin el Espíritu Santo, no podemos conocer a la divinidad.

El Espíritu Santo es Creador

En génesis 1 nos habla como el Espíritu Santo tomó parte en la creación del universo, así también tomó parte en la creación de la iglesia. Igualmente, el Espíritu Santo ayuda a crear al hombre nuevo y a crear en él la semejanza de Dios.

El Espíritu Santo Convence.

El Espíritu Santo es el que nos convence del pecado, justicia, y juicio — Juan 16:8. Sin el Espíritu Santo no podemos ver nuestro pecado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos ver claramente nuestro pecado en contraste a la santidad del Espíritu. Esto nos humilla y nos trae a un lugar de rendición.

Sin el Espíritu Santo no podemos aprender, ni sabemos como caminar con Dios, ni como traer el mundo a Cristo.

El Espíritu Santo Viene a Nosotros Cuando Nacemos de Nuevo

Jesús le dijo a Nicodemo, un líder religioso de los judíos, “Os es necesario nacer de nuevo“— Juan 3:7. Jesús no le ofreció una sugerencia, sino una necesidad. Sin haber nacido del Espíritu, no entraremos en el reino de Dios que es “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo“— Romanos 14:17. Jesús dijo, “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” Juan 3:6.

Podemos dar un ejemplo que así mismo como los padres de un bebé le transmiten sus cromosomas, el Espíritu Santo entra en nosotros en el momento de nuestro renacimiento. En ese momento la personalidad del bebé es influenciada por los padres. Igualmente, como nuevos cristianos recibimos la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por medio del renacimiento espiritual. Sin el Espíritu, no podemos vivir una vida cristiana. Un efecto de una nueva vida es el reconocimiento y rechazo del pecado. Como dice Juan, “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” —1 Juan 3:9. Cuando nuestras mentes dejan de discernir el pecado en nuestras vidas, la vida del Espíritu Santo se ha apagado en nosotros, se ha contristado.

El Espíritu Santo es Santificador

Pablo oro en 1 Tesalonicenses 4: 23-24 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Después de nuestra conversión, debemos ser limpiados de nuestra naturaleza carnal que nos dirige hacia el pecado. Esta limpieza es la santificación.

La obra de santificación es posible solo por medio del poder del Espíritu Santo obrando. Solo el poder del Espíritu puede librarnos de nuestra naturaleza humana.

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