Apocalipsis 4

Juan ve la tierra glorificada, el trono de Dios y a toda la creación adorando al Señor.

Lo primero que Juan ve es un trono en el cielo. Los tronos siempre simbolizan el poder y dominio de los soberanos que allí se sientan. El simbolismo del trono aparece más de cuarenta veces en Apocalipsis y en este caso, representa la soberanía absoluta de Dios. Pero Juan no se detiene a describir el trono sino que pasa a describir al que está sentado en él. Siendo que este trono está en el cielo, el Soberano que en él se sienta está sobre todos los tronos y soberanos que están en la tierra. Este soberano es tan diferente y tan superior a todos los demás, que Juan no lo describe en términos de la forma corporal de un ser humano. Más bien, lo describe en términos de elementos simbólicos que dan a entender la majestad y la magnificencia de este Soberano. Note que Juan dice que tenía un aspecto semejante a una piedra de jaspe y de cornalina.

Después de esto miré, y he aquí, una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí era como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder después de estas.

 Y de inmediato estaba yo en el Espíritu, y he aquí, un trono que estaba puesto en el cielo, y uno sentado en él.

Y el que estaba sentado era de aspecto semejante a una piedra de jaspe y de cornalina; y alrededor del trono había un arco iris semejante en aspecto a la esmeralda.

 alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi en los tronos a veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas, y tenían sobre sus cabezas coronas de oro.

Y del trono salían relámpagos, y truenos y voces; y siete lámparas de fuego ardían delante del trono, las cuales son los siete espiritus de Dios.

 Y delante del trono había como un mar  de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.

 Y el primer ser viviente era semejante a un león; y el segundo ser viviente era semejante a un becerro; y el tercer ser viviente tenía rostro como de hombre; y el cuarto ser viviente era semejante a un águila volando.

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas alrededor, y por dentro estaban llenos de ojos; y no tenían reposo ni de día ni de noche, diciendo: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, y el que es y el que ha de venir.

Y cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y alabanza al que está sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,

 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive para siempre jamás, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:

Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

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