En el capítulo 10 de Mateo nos está presentando los hechos referentes al llamamiento, comisión y recomendaciones para los enviados de Dios. En estos versículos presenta algunas advertencias y recomendaciones para los apóstoles, mostrándonos algunas cosas que aplican tanto al presente de ellos, como una mirada a lo que representaría la labor misionera en el futuro, hasta el tiempo de su segunda venida.

 

He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. Más cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre. El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?”.

Mateo 10:16-25

Jesús fue claro con sus discípulos haciéndoles saber que van a ser objeto no sólo rechazo sino también de persecución…

Después de Pentecostés, la iglesia no tardo en ser perseguida por los judíos, tanto Pedro como Juan fueron llevados delante de los ancianos de Jerusalén donde los interrogaron acerca de su fe: “Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?”, (Hechos 4:5-7). También fueron echados en cárceles: “y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública”, Hechos 5:18, y fueron perseguidos por reyes y gobernantes.

 Mateo 10:16-18 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles.

Jesús les advirtió que la persecución aún vendría de sus propias familias…

Más adelante dijo:

Mateo 10:34-36 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

Mateo 10:37-39 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí;  el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.

Jesús también dijo:

Mateo 10:32-33 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.  Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

De nuevo Jesús recuerda que el rechazo a sus enviados implica un rechazo a Dios mismo.  Si Jesús mismo fue perseguido, también lo serán sus seguidores.

Mateo 10:24-25  El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor.

La persecución puede provocarnos miedo, pero Jesús los animó diciéndoles que no temiéramos a los hombres sino a Dios.

Mateo 10:28  Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

En medio del discurso, los apóstoles se preguntaban: “¿Y qué diremos si nos entregan a las autoridades o nos llevan ante reyes?”.  Jesús respondió a su pregunta:

Mateo 10:19-20 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.  Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

Mateo escribió estas instrucciones de Jesús porque no sólo beneficiaban a los discípulos de esos tiempos, sino a todos los que venimos detrás de ellos, ya que los mismos principios aplican a todas las generaciones de seguidores y enviados.

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