La lluvia temprana y la tardía.

En cualquier punto del planeta tierra, las temporadas de lluvia son determinantes para la agricultura. Además de las lluvias en su correspondiente estación habitual del año, había dos precipitaciones muy esperadas por los hombres encargados de la plantación.

La lluvia temprana – que venía fuera de época, como el propio nombre lo indica, caía antes de la temporada lluviosa habitual. Esta lluvia servía para que el terreno que ya estaba preparado para la siembra quede blando y húmedo, muy apropiado para la plantación.

Es un período de tiempo en que el agricultor espera que Dios envíe a la tierra, para que pueda sembrar; porque antes de que venga el tiempo de la lluvia temprana, el terreno en el cual se va a hacer la siembra está seco, duro y con malezas, y al venir la lluvia temprana el terreno se humedece, y el hombre tiene una parte que realizar para promover el crecimiento de la buena semilla; el agricultor debe:

  1. Abonar y preparar el terreno con el arado, y la reja del arado rompe el terreno inculto, desarraiga las raíces de las malas hierbas, y una vez que el terreno está preparado,
  2. Hace la siembra de la buena semilla. La semilla tiene en sí un principio germinativo, un principio que Dios mismo ha implantado, y para que este principio pueda actuar, el agricultor tiene que hacer su parte: arrojar la semilla en el terreno preparado, con la esperanza de recogerla multiplicada en una cosecha abundante. La semilla echada en la tierra humedecida capta la humedad y
  3. Germina, y en la superficie de la tierra aparece primero como hierba,
  4. Luego empieza su crecimiento, y dentro de la tierra la semilla germinada echa raíces y se arraiga en el suelo para obtener los nutrientes que están en el terreno. Estos nutrientes subirán en forma de sabia para que la planta pueda crecer.

Pero la sola lluvia temprana es insuficiente para que la planta termine su crecimiento, por lo que el agricultor con paciencia debe esperar que Dios también le envíe la lluvia tardía. Por lo tanto, es importante entender, con la naturaleza, que con sólo lluvia temprana la planta no termina el crecimiento, ni alcanza la madurez. Se necesita de la lluvia tardía.

La lluvia tardía – caía tardíamente, como su nombre lo indica. Descendía después de la estación lluviosa habitual, de manera más suave, pero más abundante. Esta lluvia era la que permitía la floración, el crecimiento final del fruto, la maduración del fruto, es decir – era la lluvia que preparaba el fruto para la cosecha.

Esta lluvia tardía hace:

  1. Que la planta que había empezado su crecimiento con la lluvia temprana termine su crecimiento.
  2. Hace que la planta florezca, cae la flor y
  3. Se queda el fruto, que en un principio es sólo como un brote.
  4. Luego el fruto empieza a desarrollar hasta alcanzar su madurez.
  5. Luego que el fruto ya ha alcanzado la madurez, el fruto está preparado para la cosecha.

Entonces, para que el agricultor pueda recoger el precioso fruto, necesita en primer lugar de la lluvia temprana, que es un período de tiempo para que pueda hacer la siembra de la buena semilla. Pero la lluvia temprana no basta para hacer madurar el fruto, por lo tanto se hace imprescindible la lluvia tardía para que el fruto pueda alcanzar la madurez.

Pero también es importante comprender que sin lluvia temprana no se puede realizar la siembra, pues la lluvia tardía sólo hará madurar aquello que fue sembrado con la lluvia temprana, de manera que una lluvia es siempre complemento de la otra.

Además de la lluvia temprana y tardía, para que la planta pueda dar su fruto necesita recibir los rayos solares que imparten calor y la electricidad debe llegar hasta la semilla sepultada para que la planta pueda crecer.

Asimismo es importante comprender que la lluvia temprana que hace que la buena semilla germine, nazca y empiece su crecimiento, en el terreno naturalmente está sembrada la mala semilla (malas hierbas) que también capta la humedad, brota, echa raíces y empieza a crecer, y si el agricultor no hace los cuidados respectivos, esta mala hierba, una vez que ha brotado y crecido, terminará ahogando a la buena planta y no habrá fruto, ni cosecha. Por lo tanto es necesario que el agricultor deshierbe la mala hierba, esta es una parte que el agricultor debe hacer para estimular el crecimiento de la buena planta si quiere cosechar su fruto.

Toda semilla brota, crece, y toda planta se desarrolla por el poder de Dios (Salmos 104:11-13, 16), pero el hombre tiene que hacer su parte para que pueda cosechar. Dios no es quien deshierba la mala hierba, es el hombre el que debe coger su instrumento para quitar la mala hierba, a fin de que tenga una buena cosecha.

Dios, en su santa Palabra, usa estos hechos de la naturaleza para explicar la obra del Espíritu Santo en el hombre pecador arrepentido, cuando el Espíritu Santo de Visitante pasa a ser Habitante; y lo que ocurre con la semilla que se ha echado en el terreno preparado, así ocurre también en la experiencia del verdadero creyente.

Así como el agricultor, para poder cosechar lo que ha sembrado necesita tanto de la lluvia temprana como de la tardía, así también para que en el hombre se pueda desarrollar un semejanza a Jesús, tiene que recibir al Espíritu Santo tanto en el período de la lluvia temprana como en el período de la lluvia tardía.

Tanto la lluvia temprana como la tardía, tenía su tiempo especial y todo agricultor que quería ser exitosos en la siembra y la cosecha, debía estar atento y preparado para el tiempo de ambos tipos de lluvia.

No hubiera tenido sentido alguno orar a Dios para que mande la lluvia tardía antes de haber recibido la lluvia temprana, o peor aún: antes de haber preparado el terreno y antes de haber hecho la siembra. Pues, si la lluvia temprana no había hecho crecer el fruto en su estación habitual, la lluvia tardía no podía hacer madurar el fruto “por arte de magia”!

Tanto la naturaleza como el sentido común nos enseñan que únicamente el terreno que había sido preparado, sembrado, que se había beneficiado con la lluvia temprana, podía beneficiarse con la estación de la lluvia tardía.

Entonces, ¿cómo es que hoy en día la gente quiere orar por la lluvia tardía sin haber pedido y haber recibido la lluvia temprana? ¿Cómo es que la gente quiere orar por la lluvia tardía cuando el terreno ni siquiera ha sido preparado para la siembra?

Debemos estudiar el significado espiritual de la lluvia temprana y tardía.

– “A menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vidala hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

Tanto en la naturaleza como en la vida espiritual, el hecho es el mismo: la lluvia tardía NO SERVIRÁ a menos que haya caído la lluvia temprana.

– “Muchos, en gran medida, han dejado de recibir la lluvia temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos por medio de ella. Esperan que la deficiencia sea suplida por la lluvia tardía.”

Una de la razones por la cual la gente se quiere saltar de la lluvia temprana directo a la lluvia tardía, es que no quieren realizar el trabajo que implica recibir la lluvia temprana y tardía. No quieren preparar el terreno. No quieren hacer la siembra. No quieren recibir diariamentela lluvia temprana y subsecuente que hace crecer la semilla y la planta de origen celestial. Quieren que Dios, por arte de magia, haga aparecer de la nada algo que no existe, y que lo implante en el hombre ya desarrollado y maduro. Pero Dios no hará la obra que al hombre le toca hacer.

Es el propósito de este estudio aprender cómo se prepara el terreno para la siembra, cómo se recibe la lluvia temprana, cómo es que crece la semilla y la planta, y cómo se recibe la lluvia tardía para que la planta madure y esté lista para la cosecha final.

– “Es cierto que en el tiempo del fin, cuando la obra esté por terminar, los fervientes esfuerzos realizados por los consagrados creyentes bajo la dirección del Espíritu Santo irán acompañados por manifestaciones especiales del favor divino.

Bajo la figura de la lluvia temprana y tardía que cae en los países orientales al tiempo de la siembra y la cosecha, los profetas hebreos predijeron el derramamiento de la gracia espiritual en una medida extraordinaria sobre la iglesia de Dios.

El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue el comienzo de la lluvia temprana. Hasta el fin del tiempo, la presencia del Espíritu ha de morar con la iglesia fiel.

Pero acerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies ‘en la estación tardía’ (Zacarías 10:1). En respuesta, ‘Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante.’ ‘Hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía’.

Pero a menos que los miembros de la iglesia de Dios hoy tengan una relación viva con la fuente de todo crecimiento espiritual, no estarán listos para el tiempo de la siega. A menos que mantengan sus lámparas aparejadas y ardiendo, no recibirán la gracia adicional en tiempo de necesidad especial, sin poder dar frutos, ve a la fuente que puede calmar tu sed, para que esa lluvia caiga y se desborde. bendiciones.

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