El olivo

A primera vista, el olivo no llama particularmente la atención. No se eleva hasta los cielos como algunos majestuosos cedros del Líbano. Su madera no es tan preciada como la del enebro, y sus flores no deleitan la vista como las del almendro. La parte más importante de este árbol no se ve: está bajo tierra. Sus extensas raíces, que pueden profundizar en el suelo hasta 6 metros y extenderse en sentido horizontal muchos más, son la clave de su prodigalidad y supervivencia.

Las raíces permiten a los olivos que crecen en laderas pedregosas sobrevivir a una sequía cuando los árboles del valle ya muerieron por falta de agua. También hacen posible que el olivo produzca aceitunas durante siglos, aunque el retorcido tronco no parezca servir más que para leña. Todo lo que este resistente árbol necesita es espacio para crecer y una tierra aireada que le permita respirar, sin malas hierbas u otra vegetación que pueda albergar plagas dañinas. Si se dan estas sencillas condiciones, un solo olivo puede suministrar hasta 57 litros de aceite al año.

Sin duda, los israelitas apreciaban el olivo por su valioso aceite. Para iluminar las casas, usaban lámparas con mechas que absorbían aceite de oliva Levítico 24: 2. El aceite era esencial en la cocina. Además, protegía la piel contra el sol, y los israelitas lo usaban en la elaboración de jabón para lavar. Los principales productos agrícolas del país eran los cereales, el vino y las aceitunas, por lo que una mala cosecha de olivas era un desastre para las familias israelitas.

Pero, por lo general abundaba el aceite de oliva. Moisés dijo que la Tierra Prometida era ‘tierra de olivas’, probablemente porque el olivo era el árbol que más se cultivaba en la zona. Debido a su valor y abundancia, el aceite de oliva fue incluso una buena moneda de cambio internacional por toda la región mediterránea. Jesucristo mismo hizo referencia a una deuda calculada en “cien medidas de bato de aceite de oliva” Lucas 16: 5, 6

Cuando se retiraron las aguas del diluvio, la paloma volvió llevando en su pico una hoja de olivo Gn 8:11. Este árbol ha venido a ser el símbolo de la paz. Su fruto era el emblema de la prosperidad, de la bendición divina, de la belleza, de la fuerza Sal 52:10, Jer 11:16, Os 14:6. En ocasiones, durante las fiestas, las mujeres se adornaban con guirnaldas de olivo Jue 15:13.

El olivo es un árbol prácticamente indestructible. Incluso cuando se le tala, del rizoma (tallo subterráneo) salen al poco tiempo nuevos retoños. Y cuando su propietario cosecha su fruto, le premia con aceite en abundancia, que puede emplear para la cocina, la iluminación, la higiene y la cosmética.

Una antigua parábola conservada en el libro bíblico de Jueces cuenta que “una vez los árboles fueron a ungir sobre sí un rey”. ¿Qué árbol del bosque escogieron en primer lugar? Ni más ni menos que el resistente y pródigo olivo (Jueces 9:8).

Hace más de tres mil quinientos años, el profeta Moisés dijo que Israel era ‘una buena tierra, tierra de olivas’ (Deuteronomio 8:7, 8). Aún hay olivares esparcidos por el paisaje del país, desde las faldas del monte Hermón, al norte, hasta las afueras de Beer-seba, al sur. Y continúan adornando la llanura costera de Sarón, las rocosas laderas de Samaria y los fértiles valles de Galilea.

Por eso tiene mucho más significado bíblico, la figura del olivo.

El concepto de árbol genealógico o árbol familiar nos viene de tiempos muy antiguos. Se le llama árbol familiar porque es una gráfica en la que aparecen las diferentes ramificaciones de una línea familiar o linaje (Mateo 1: 1-17). Para hablar del árbol familiar de Israel se utiliza el olivo, puesto que con el aceite de su fruto, la oliva, se honra tanto a Dios como a los hombres (Jueces 9:8). Por supuesto, el olivo simboliza al pueblo de Israel que sirve y honra al Dios Altísimo.

Tronco

Está conectado directamente a la raíz y sostiene las ramas. Mientras más fuerte sea en su base más frondoso podrá ser su ramaje. Hablando de los árboles familiares antiguos el tronco representaría a los patriarcas de un clan o tribu. El tronco de Israel correspondería a Abraham, Isaac y Jacob (Deuteronomio 1:8).

Savia

Es el fluido que circula por todo el árbol y le da vida. Nutre desde la raíz pasando por el tronco, las ramas, las hojas e incluso llega al fruto, las olivas, para después ser transformado en aceite. En sentido figurado, Pablo habla de la rica savia de la cual se nutre todo el árbol (Romanos 11:17). Simboliza la sangre del Señor Jesucristo, la cual también es su Espíritu.

Aceite

La savia atraviesa todo el árbol de olivo y se transforma depositándose finalmente en el fruto que son las olivas, mismas de las se extrae el aceite. En tiempos bíblicos, el aceite se usaba principalmente como alimento (Éxodo 29:2); como combustible para las lámparas con las que se alumbraba en la oscuridad, incluso en el templo (Levítico 24:2); como jabón (Éxodo 29:7); y como medicamento (Lucas 10:34). Por todo ello simboliza El Espíritu del Señor.

Fruto

El fruto del olivo son las olivas o aceitunas. El Señor habla de los frutos con respecto a nuestras obras. Al igual que en un árbol, el fruto brota de nosotros y produce vida, por eso los frutos simbolizan las buenas obras (Filipenses 4:17).

Ramas

Pablo alude a Jeremías cuando habla de las ramas del buen olivo, que son las doce tribus de Israel (Romanos 11:17 / Jeremías 11:16).

Injertos

En tiempos bíblicos se acostumbraba injertar ramas de olivo silvestre en olivos domésticos. Pablo usa esta figura para describir a los que, aunque son gentiles, sus ancestros pertenecieron a Israel y se les da la oportunidad de volver a ser parte del pueblo santo (Romanos 11:17).

Palos y cayados

En tanto que Zacarías habla de cayados que son quebrados (Zacarías 11: 7-14) y Jeremías de ramas que son arrancadas (Jeremías 11:16), Ezequiel lo hace de palos que se unen (Ezequiel 37: 15-17). Esta figura alude al injerto, mediante el cual dos ramas se adosan y con el tiempo se entrelazan volviéndose una sola. Significa que las dos Casas de Israel al final de los días serán un solo pueblo.

Las palabras hebreas schébet y matté se traducen como vara, bastón y cayado. Schébet tiene el significado de bastón, palo o vara, aludiendo a un palo que se usa para apoyarse, pero también se traduce como cayado, que es el palo curvado en el extremo que el pastor del rebaño usaba para dirigir a las ovejas, corregirlas e incluso auxiliarlas en caso de hallarse en dificultades, como estar atoradas por ejemplo. Se traducía así porque el mismo palo que se usaba como cayado también tenía otros usos, como por ejemplo apoyarse, para defensa, como vara de corrección (castigo) o hasta para golpear las ramas de los olivos a fin de hacer caer su fruto.

Las palabras schébet y matté también se traducen como tribu, clan o familia posiblemente debido a que el cayado era un símbolo de autoridad ya que al clan, tribu o familia se le consideraba como un rebaño y a su jefe como un pastor.

Retoño, vástago o renuevo

Es el tallo nuevo que brota del árbol de olivo. Los profetas lo aplican al descendiente del rey David que será el Ungido (Cristo; Mesías) de Israel (Jeremías 23:5 , Isaías 11:1). Es El Señor Jesucristo.

Raíz

Lo que está por debajo y nadie puede ver pero da vida y sustenta a todo el árbol. La raíz simboliza a un personaje a partir del cual comienza una dinastía importante o monárquica. (Isaías 11:1 / 11:10). En general los profetas usan la figura de la raíz del olivo para el rey David cuyo retoño, vástago o renuevo es El Señor Jesucristo.

Pablo habla de otra raíz la cual sustenta las ramas (Romanos 11:16-18). La raíz de todo el árbol en realidad es el propio Señor Jesucristo, quien ya existía antes de Abraham (Juan 8:58 / Marcos 12:37 / Juan 1:1). Jesucristo es por tanto descendiente de David, pero también su ancestro o raíz (Apocalipsis 22:16).

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